Hay veces que nos encontramos en el fondo de una caja de metal, de esas de las galletas que había antes, la foto de nuestros bisabuelos y nos llevamos la sorpresa del año, pero ¡oh, que pena! la foto está bastante deteriorada por el paso del tiempo y tiene un aspecto que da miedo tocarla por si se estropea aun más, en estos casos lo mejor que puedes hacer es ir a un establecimiento de fotografía especializado dónde te la examinarán y te dirán si pueden hacer una copia restaurada a partir de esa frágil joya que les presentas. La verdad es que a veces pensamos que no tiene arreglo o que eso solo lo salva el equipo de restauración de la capilla sixtina, pero generalmente no hay que ser tan alarmistas. Un ejemplo de restauración típica que hemos realizado nosotros es este y no es ni mucho menos de los peores.

Otras veces las fotografías no son tan antiguas pero por estar expuestas a la luz o mal conservadas o incluso por una mala calidad del revelado (quién iba a imaginar hace unos años que ahorrar unos céntimos iba a suponer un deterioro de la fotografía tan rápido) se han decolorado y son un espejismo de lo que fueron en su día. En estos casos se puede hacer una restauración también pero en este caso del color intentando devolver a esa imagen su cromatismo original. Un ejemplo de este tipo de retoque lo tenemos en la siguiente imagen.

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